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48 Hrs en… Portugal

Cuando se nos cruza por la mente viajar a Europa, los primeros países en los que pensamos son Inglaterra, Francia, España o Italia, y muy pocas veces recordamos a un país bañado por el Atlántico, Portugal.

Empezar en Lisboa será la mejor opción, sobre todo caminar por el centro de la ciudad, que es una visita obligada, sobre todo pasear por los barrios de Graça y Alfama, en donde los pisos de mosaico son los protagonistas, gracias a sus bellos diseños, da la impresión de que estamos caminando sobre arte.

Lisboa también es conocida por sus miradores, sobre todo los que están ubicados en la cima de uno de los castillos árabes más emblemáticos de la ciudad, Castelo de São Jorge. Antes de partir es un must comprar una buena dotación de pastéis de nata (pastelitos de nata).

De Lisboa nos movemos a Comporta, uno de los sitios costeros más maravillosos del mundo y realmente poco valorado por la sociedad. Podemos llegar vía ferry por el río Sado, una de las reservas naturales más importantes del país.

Pasar el día en la playa será el mejor plan, existen sitios fabulosos para comer como el restaurante Sal o Ilha do Arroz, donde es imposible resistirse a un buen pescado fresco. Este sitio se ha ganado el nombre de los Hamptons de Portugal, mismo que es visitado por la realeza, diseñadores e iconos del mundo de la socialité europea.

Si queremos surfear y jugar golf un rato, podemos movernos hacia otras playas de igual belleza en Sines, Sao Torpes, Malhao o Cogumelo. Estos sitios son conocidos principalmente por ser los más visitados por los amantes de los deportes acuáticos.

De ahí cambiamos un poco nuestro panorama y nos vamos a una de las ciudades más impactantes de Portugal, Sintra un verdadero sitio sacado de un cuento de hadas.

Caminar por las calles de este pueblito es realmente como si estuviéramos dentro de algún escenario medieval, gracias a la arquitectura del Castelo dos Mouros y al Palácio Regaleira, que es el edificio principal del Centro Histórico de Sintra y ha sido calificado como Patrimonio Mundial por la Unesco.

La atracción principal de este lugar es el Pozo Iniciático, que podría ser llamada una galería subterránea; cuenta con una escalera en espiral, sostenida por columnas esculpidas, que desciende hasta el fondo del pozo a través de nueve rellanos.

Los nueve rellanos circulares del pozo, separados entre sí por quince peldaños, evocan referencias a La Divina Comedia de Dante, y pueden representar los nueve círculos del infierno, los del paraíso, o los del purgatorio.

En el fondo del pozo está una rosa de los vientos sobre una cruz templaria, el emblema heráldico de Carvalho Monteiro. Se le denomina iniciático, porque era usado en rituales masónicos de iniciación; se dice que la explicación del simbolismo de los nueve peldaños se encuentra en la obra Conceito Rosacruz do Cosmos.

Si de comida hablamos, los restaurantes en Portugal son la representación pura de historia, romance, sofisticación y herencia real con la que cuenta la ciudad. Refleja la diversidad de gustos de los lugareños y visitantes, ofreciendo desde una gran variedad de platillos típicos de la región, que utilizan ingredientes de cultivos locales .

Definitivamente no puedes ir a Portugal y no comer Bacalao, cocinado con huevos pochados, acompañados de papas y garbanzos. Siguiendo por la línea costera, el Arroz de Marisco es otro platillo imperdible, que es como una tipo paella, hecha con pescado blanco, camarones, almejas, mejillones y por supuesto arroz.

Hablando de la influencia de otros países en Portugal, tenemos la Francesinha, un sandwich relleno de diversos tipos de embutido, como el jamón o mortadela, cubierto con lonchas de queso gratinado y por último bañado de una salsa gravy picante, típico de la región de Oporto.

Y por supuesto, no podemos hablar de la gastronomía y no mencionar el Vino, sobre todo los que corresponden al norte del país, donde se encuentra el Vinho verde.
Los vinos de esta región son ligeros y atrevidos, frescos y con un punto frívolos, ideales para acompañar mariscos y pescados. Las viñas, que se extienden entre el Duero y el Miño,  trepan por los emparrados cercanos a la pintoresca población de Valença en la frontera con Galicia y continúan  hacia el sur llegando a Barcelos, Braga y Guimarares, ciudad señorial, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.