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Carne y arena



Después de semanas en el desierto, deshidratados y temerosos, los refugiados y migrantes que son detenidos cruzando la frontera entre Estados Unidos y México son regularmente encerrados en lo que se llama las hieleras: los congeladores. Se supone que son celdas de detención a corto plazo, no tienen camas, pero también imponen un tipo de castigo extrajudicial en el cual la carne se congela.

En el crepúsculo pueden distinguir a una anciana que se ha roto el tobillo, gimiendo en español en busca de ayuda; un contrabandista de personas, o coyote, se queja en inglés de que está disminuyendo la velocidad.

Pueden caminar por la arena para acercarse a ellos, ya que sus auricular está equipados con un detector de movimiento.

Pero pronto aparece un helicóptero en lo alto, con su reflector apuntando hacia ti, y agentes fronterizos con pistolas y perros te ordenan en dos idiomas que levantes las manos. Con un rifle en su cara, instintivamente lanzarán sus manos al aire.

En “Carne y Arena”, cuyo componente de realidad virtual dura aproximadamente siete minutos, los paisajes tradicionalmente fotografiados proporcionan el telón de fondo para los artistas interpretados digitalmente.

Los avances en la tecnología, junto con la arena debajo de los pies, hacen que la experiencia sea realmente transportadora, y cuando el polvo se levanta del suelo, rápidamente se olvidan de donde están. Las imágenes al aire libre, detalladas y amenazantes, fueron filmadas cerca de la frontera por Emmanuel Lubezki.

Algunas limitaciones técnicas del medio permanecen en evidencia cuando te acercas a los intérpretes: no actores profesionales, sino inmigrantes indocumentados de México o América Central, cuyas 14 historias individuales son evocadas en retratos que aparecen en la última sala del programa.

Para que puedan percibirlos desde todos los ángulos, se realizaron en un estudio de sonido equipado con sensores y se han renderizado digitalmente en tres dimensiones. Aunque sus ropas y movimientos son convincentes, de cerca su carne parece reptiliana y sus caras genéricas.

Justo cuando los guardias fronterizos les gritan a los inmigrantes que se arrodillen en la arena, aparece una bocanada de humo. Los oficiales se desvanecen y comienza una extraña secuencia de sueños.

Actualmente este mini documental de Iñárritu se está exhibiendo en el museo de Tlatelolco en la ciudad de México, y créanme que es algo que vale la pena experimentar.